El Tribunal Supremo de Puerto Rico dio un nuevo giro a la disputa legal entre Bad Bunny y su expareja, Carliz De La Cruz Hernández, al determinar que la demanda relacionada con el uso de la frase «Bad Bunny, baby» puede continuar bajo la legislación sobre derechos morales de autor y derechos de imagen.
La resolución no significa que la abogada puertorriqueña haya ganado el caso, pero sí establece que presentó elementos suficientes para que sus reclamaciones sean analizadas a fondo por el Tribunal de Primera Instancia de San Juan, que deberá continuar con el proceso judicial.
En una opinión de 50 páginas, redactada por la jueza asociada Mildred Pabón, el máximo tribunal puertorriqueño concluyó que los tribunales inferiores se equivocaron al desestimar la reclamación relacionada con los derechos morales de autor.
«La demandante ha presentado hechos suficientes para ofrecer en su día la prueba que justifique este reclamo. En vista de ello, erraron los foros inferiores al desestimar la causa de acción bajo la Ley de Derechos Morales de Autor», señala la resolución.
Carliz De La Cruz Hernández conoció a Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre real de Bad Bunny, en 2011, cuando ambos trabajaban en un supermercado Econo en Vega Baja, Puerto Rico. La pareja mantuvo una relación intermitente hasta 2016.
Durante ese periodo, en 2015, Bad Bunny le pidió que grabara la ya famosa frase «Bad Bunny, baby». Ella realizó el audio y se lo envió al entonces joven cantante, sin imaginar que años después se convertiría en uno de los sellos más reconocibles de la carrera del artista.
La demanda fue presentada el 1 de marzo de 2023 y reclama una indemnización de 40 millones de dólares, al considerar que su voz fue utilizada sin autorización en canciones, conciertos, campañas promocionales y otros materiales comerciales, vulnerando sus derechos de imagen y de propiedad intelectual.
El Tribunal Supremo determinó que las reclamaciones relacionadas con la canción Pa ti, publicada en 2016, ya prescribieron debido al tiempo transcurrido antes de presentar la demanda.
Sin embargo, el caso sigue vigente respecto al uso de la frase en Dos Mil 16, canción lanzada en 2022, así como por su utilización en conciertos y otros contenidos promocionales posteriores.
Según el expediente judicial, antes del lanzamiento de Dos Mil 16, representantes de Bad Bunny intentaron llegar a un acuerdo económico con De La Cruz para utilizar nuevamente la grabación. La oferta inicial fue de 2 mil dólares, pero ella la rechazó y aseguró que nunca autorizó que su voz siguiera explotándose comercialmente.
A pesar de ello, la frase volvió a aparecer en la canción, así como en diversas presentaciones en vivo, incluidos los conciertos realizados los días 28, 29 y 30 de julio de 2022 en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot. La demandante sostiene que esta situación le ocasionó afectaciones emocionales que incluso la llevaron a requerir atención psicológica.
En su resolución, el Tribunal Supremo consideró que existen elementos suficientes para analizar si la interpretación vocal de De La Cruz puede constituir una obra original protegida por la Ley de Derechos Morales de Autor. Asimismo, señaló que también hay bases para estudiar si existió un uso de su voz sin consentimiento expreso o tácito, ya que, para efectos legales, la voz forma parte de los derechos de imagen de una persona.
No obstante, la decisión no fue unánime. El juez asociado Ángel Colón Pérez emitió una opinión disidente en la que sostuvo que todas las reclamaciones debieron ser desestimadas. Desde su perspectiva, la breve aparición de la frase corresponde a una expresión artística protegida y no constituye una violación a los derechos reclamados por la demandante.
Con esta resolución, el caso vuelve al Tribunal de Primera Instancia de San Juan, donde ambas partes deberán presentar pruebas y argumentos para que la autoridad judicial determine si existió una vulneración a los derechos de Carliz De La Cruz Hernández y si procede el pago de una indemnización.
El litigio se ha convertido en uno de los procesos legales más mediáticos relacionados con la industria musical latinoamericana, debido a que involucra uno de los elementos más reconocibles de la identidad artística de Bad Bunny. La decisión del Tribunal Supremo abre la puerta para que los tribunales definan si una breve interpretación vocal, utilizada como distintivo de un artista, puede estar protegida por las leyes de derechos morales de autor y derechos de imagen.
