El debate sobre la conformación histórica del Estado mexicano sumó un nuevo capítulo documental este fin de semana, luego de que Miguel Torruco Garza emitiera una respuesta estructurada en tres ejes para refutar las recientes declaraciones de la política española Isabel Díaz Ayuso, quien sugirió un vacío civilizatorio en América previo a 1519. La réplica se centra en la evidencia material ubicada en el primer cuadro capitalino y en la cronología fundacional de 1821.
El primer punto de la refutación establece una diferenciación técnica entre el proceso civilizatorio ininterrumpido y la conformación del Estado-nación. Los documentos históricos marcan 1821 como el año de nacimiento de la soberanía jurídica e institucional mexicana, desligando el inicio de la historia territorial de la expedición de Hernán Cortés en el siglo XVI.
Para sustentar la continuidad civilizatoria, el análisis contrasta el desarrollo técnico-científico de las culturas originarias con la situación geopolítica ibérica de la misma época. Se exponen métricas específicas de los avances mayas y mexicas, tales como la implementación matemática del cero y la construcción de infraestructura astronómica, desarrollos gestados mientras el territorio español experimentaba ocupaciones territoriales y fragmentación política.
En el plano urbano y de infraestructura arqueológica, la argumentación utiliza como ancla las excavaciones del predio número 24 de la calle Guatemala, a escasos metros de la Catedral Metropolitana chilanga. En este cuadrante se asienta el Huey Tzompantli, estructura física que documenta la complejidad de la ingeniería y organización mexica mediante evidencia inobjetable y cuantificable.
Los registros del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) referidos en el texto descartan la narrativa de barbarie, indicando que dicho espacio ceremonial cumplía una función ritual estrictamente reglamentada. La lógica estructural del sitio expone un sistema de leyes consolidado que operaba bajo sus propios parámetros y censos demográficos milenarios.
El tercer eje del posicionamiento aborda una comparativa histórica de los índices de mortandad institucionalizada. El documento expone la asimetría analítica entre la contabilidad de los sacrificios rituales mesoamericanos y las miles de ejecuciones sistemáticas en la hoguera perpetradas durante siglos por la Santa Inquisición en Europa y la Nueva España.
Finalmente, el texto concluye demandando el establecimiento de una «soberanía epistémica» en las relaciones bilaterales. El planteamiento subraya la inviabilidad de sostener la diplomacia contemporánea sobre paradigmas estadísticamente erróneos que ignoran el volumen de evidencia precolombina registrada en los catálogos antropológicos nacionales.
