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Ciencia

¿Por qué no se pueden predecir los terremotos? La ciencia explica qué impide saber cuándo ocurrirá un gran sismo

Por Redacción Acento Noticias · 26 de junio de 2026 · 6 min de lectura

Cada año se registran alrededor de 20 mil terremotos en todo el mundo, un promedio cercano a 55 sismos diarios, según el Centro Nacional de Información sobre Terremotos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). La mayoría son de baja intensidad y pasan desapercibidos, pero algunos alcanzan magnitudes capaces de destruir ciudades enteras y causar miles de víctimas.

A diferencia de fenómenos como los huracanes, que pueden seguirse mediante satélites y modelos meteorológicos para emitir alertas con varios días de anticipación, los terremotos continúan siendo uno de los desastres naturales más difíciles de anticipar. Pese a los avances en geología, sismología e inteligencia artificial, los científicos aún no pueden responder con precisión la pregunta que todos quisieran conocer: ¿cuándo ocurrirá el próximo gran sismo?

La energía se acumula durante décadas antes de liberarse en segundos

Los terremotos se originan cuando la tensión acumulada entre las placas tectónicas se libera de forma repentina a lo largo de una falla geológica. Durante años, décadas o incluso siglos, estas enormes placas permanecen empujándose entre sí sin desplazarse debido al rozamiento entre las rocas. Sin embargo, llega un momento en que la resistencia del material ya no puede soportar la presión acumulada y se produce un movimiento brusco que libera una enorme cantidad de energía en cuestión de segundos.

Antonio Morales Esteban, catedrático de Ingeniería del Terreno de la Universidad de Sevilla y especialista en ingeniería sísmica, explica que para predecir un terremoto sería necesario conocer con exactitud tres variables: el lugar donde ocurrirá, su magnitud y el momento preciso en que sucederá.

Según el especialista, la ciencia ha logrado avances importantes en las dos primeras. Gracias al estudio de las fallas geológicas, es posible identificar las zonas donde es probable que ocurra un sismo y estimar cuál podría ser su magnitud máxima. Lo que sigue siendo imposible es determinar el instante exacto en que esa energía será liberada.

El ejemplo del lápiz que ayuda a entender el problema

Los expertos comparan este fenómeno con intentar romper un lápiz de madera. Al ejercer presión, el lápiz comienza a doblarse mientras acumula tensión. Sin embargo, nadie puede saber exactamente en qué segundo se partirá.

Algo similar ocurre con las placas tectónicas. Arturo Belmonte, sismólogo de la Universidad de Concepción, en Chile, explica que las rocas soportan la presión hasta superar un umbral de resistencia. Solo entonces se produce la fractura que genera el terremoto.

Los científicos conocen que ese proceso ocurre continuamente, pero no existe una forma de medir con precisión cuándo se alcanzará ese punto crítico en una falla determinada.

Se conocen las zonas de riesgo, pero no la fecha

Aunque resulta imposible predecir un terremoto, sí es posible identificar regiones donde la energía lleva mucho tiempo acumulándose.

Estas áreas reciben el nombre de lagunas o «gaps» sísmicos, zonas donde no se ha registrado un gran terremoto durante largos periodos y donde existe la posibilidad de que ocurra uno en el futuro.

En países altamente sísmicos como Chile, algunos terremotos de magnitud superior a 8 presentan periodos de recurrencia cercanos a los 80, 90 o incluso 100 años. Sin embargo, los especialistas aclaran que estos cálculos representan únicamente probabilidades a muy largo plazo y no permiten establecer una fecha concreta.

La Tierra sigue siendo un territorio inaccesible

Otra de las grandes limitaciones radica en que los procesos que originan los terremotos ocurren a profundidades donde el ser humano no puede observar directamente lo que sucede.

Belmonte explica que, mientras los meteorólogos pueden seguir el movimiento de las nubes mediante satélites, los sismólogos deben reconstruir lo que ocurre en el interior de la Tierra a partir de las ondas sísmicas.

La diferencia es enorme. El pozo más profundo excavado por el ser humano apenas alcanzó unos 12 kilómetros, mientras que el radio de la Tierra supera los 6.300 kilómetros. Esto significa que los procesos responsables de muchos terremotos permanecen fuera del alcance de cualquier observación directa.

Además, las fallas geológicas presentan una estructura extremadamente compleja, formada por materiales distintos, diferentes ángulos de contacto y condiciones variables de presión y temperatura, lo que dificulta enormemente su modelado.

¿Los animales pueden anticipar un terremoto?

Durante siglos han circulado historias sobre perros que ladran sin motivo, aves que abandonan una zona o serpientes que cambian de comportamiento antes de un sismo.

Sin embargo, los especialistas señalan que nunca se ha encontrado una relación científica consistente entre estos comportamientos y la ocurrencia de terremotos.

Belmonte recuerda que en China, en 1975, antes de un importante sismo se detectaron variaciones en el gas radón, cambios en la conductividad eléctrica del suelo, pequeños temblores previos y comportamientos inusuales de algunos animales. Esos indicios llevaron incluso a evacuar una ciudad antes del terremoto.

No obstante, apenas un año después ocurrió otro devastador terremoto en ese mismo país sin que aparecieran esas señales previas. Para los científicos, esto demuestra que esos supuestos precursores no son fiables ni se presentan de manera constante.

La inteligencia artificial busca patrones, pero aún no puede hacer predicciones

En los últimos años, la inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta prometedora para el estudio de los terremotos.

Gracias a su capacidad para procesar enormes cantidades de información, algunos investigadores analizan millones de registros sísmicos en busca de patrones que puedan repetirse antes de un gran evento.

Morales Esteban explica que su equipo ha utilizado redes neuronales para estudiar la relación entre la magnitud de los terremotos y el tiempo transcurrido entre ellos, intentando estimar la tensión acumulada mediante parámetros estadísticos.

Aunque encontraron ciertas correlaciones útiles para calcular probabilidades, los resultados no permiten realizar predicciones exactas.

Belmonte añade que actualmente también se instalan sensores en el fondo del océano y sistemas GPS capaces de medir deformaciones muy pequeñas en la corteza terrestre. Estas tecnologías podrían ayudar a comprender mejor cómo evoluciona la acumulación de tensión, pero todavía están lejos de permitir anunciar con precisión cuándo ocurrirá un terremoto.

La mejor herramienta sigue siendo la prevención

Ante la imposibilidad de predecir un sismo, los especialistas coinciden en que la estrategia más efectiva continúa siendo la prevención.

Los mapas de peligro sísmico, las normas de construcción antisísmica, los sistemas de alerta temprana y la preparación de la población permiten reducir considerablemente las consecuencias de estos fenómenos.

Antonio Morales Esteban señala que la clave está en disminuir la vulnerabilidad de las ciudades. Un mismo terremoto puede producir efectos muy diferentes dependiendo de la calidad de las construcciones y del nivel de preparación de la sociedad.

Como ejemplo, sostiene que un sismo similar al ocurrido recientemente en Venezuela probablemente habría causado muchas menos víctimas si hubiera sucedido en países como Chile o Japón, donde existen estrictas normas de construcción y una amplia cultura de prevención.

Por ahora, la ciencia puede identificar las regiones con mayor riesgo y estimar la probabilidad de futuros terremotos, pero no el momento exacto en que ocurrirán. Hasta que se desarrollen nuevas tecnologías capaces de comprender con mayor detalle lo que sucede en las profundidades de la Tierra, la mejor defensa frente a los terremotos seguirá siendo la preparación, la infraestructura resistente y la educación de la población.

Redacción Acento Noticias

Mesa editorial de Acento Noticias.