viernes, 18 de septiembre de 2026

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CDMX

Sismos en CDMX: cuatro pasos para preparar un plan familiar

Una familia revisa un croquis y acuerda rutas de salida dentro de su departamento.

En una ciudad donde millones comparten edificios, calles y transporte, prepararse para un sismo empieza en casa: con acuerdos claros, rutas conocidas y tareas repartidas. CENAPRED resume el plan familiar en cuatro pasos, una guía práctica para reducir riesgos antes de que haya que reaccionar.

El primer paso es revisar el entorno doméstico. El organismo recomienda observar el estado de la construcción, dar mantenimiento al menos dos veces al año a las instalaciones de agua, gas y electricidad, y detectar muebles u objetos que podrían caer u obstruir el paso.

La revisión no termina en la puerta. CENAPRED sugiere ubicar peligros cercanos, como cables, transformadores o ríos. En una colonia densamente poblada, reconocer qué hay en la cuadra permite hablar en familia sobre rutas y puntos de reunión sin asumir que todos estarán en el mismo lugar.

El segundo paso consiste en dibujar un croquis de la vivienda con las salidas y las zonas que la familia considere más seguras. La guía recomienda pensar tanto en el día como en la noche, porque la posición de las personas y las condiciones de iluminación pueden cambiar.

Ese mapa puede servir como una conversación breve, no como un plano técnico. ¿Todas las personas de la casa saben por dónde salir y qué obstáculos podrían encontrar? Si hay niñas, niños, personas mayores o alguien con movilidad limitada, conviene comprobar que la ruta acordada les funcione.

El tercer paso es decidir cómo actuar: evacuar o replegarse, según las condiciones y las indicaciones de Protección Civil. CENAPRED aconseja identificar zonas seguras y asignar responsabilidades, por ejemplo quién lleva la mochila de emergencia o quién verifica las llaves de paso si hacerlo resulta seguro.

La coordinación también importa cuando la familia está separada. La guía recomienda definir un punto de encuentro y un contacto para reportarse. Tener el acuerdo por escrito puede ayudar a que cada integrante no dependa únicamente de llamadas o mensajes que quizá no pueda enviar en ese momento.

El cuarto paso es practicar periódicamente en casa. Un simulacro familiar permite recorrer la ruta, comprobar si se entiende la señal acordada y corregir tropiezos cotidianos, como una puerta bloqueada o una mochila fuera de alcance. No reemplaza los ejercicios oficiales ni las instrucciones de las autoridades.

La recomendación accionable es sencilla: apartar unos minutos esta semana, revisar la vivienda y dejar visibles el croquis, el contacto y el punto de reunión. Ante una emergencia, un plan no garantiza que todo salga perfecto; sí evita que la primera conversación ocurra cuando ya urge actuar.