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Salud

La ansiedad también está en los genes: el mayor estudio de la historia identifica 74 regiones del ADN vinculadas al trastorno

Por Redacción Acento Noticias · 9 de junio de 2026 · 5 min de lectura

La ansiedad es una de las afecciones de salud mental más comunes en el mundo y, al mismo tiempo, una de las más complejas de comprender. Aunque durante años se ha sabido que factores como el estrés, los traumas y las circunstancias sociales influyen en su aparición, una nueva investigación internacional ha aportado evidencia contundente sobre otro componente clave: la genética.

Un estudio a gran escala, basado en el análisis del ADN de casi 700.000 personas de ascendencia europea, ha identificado el mayor número de asociaciones genéticas relacionadas con la ansiedad hasta la fecha. Los resultados, publicados en la revista científica Nature Human Behaviour, representan un paso importante hacia la comprensión de los mecanismos biológicos que participan en este trastorno.

La investigación fue codirigida por especialistas del King’s College de Londres y del instituto australiano QIMR Berghofer. Uno de sus principales aportes es que plantea una nueva forma de entender la ansiedad: no como una condición que simplemente está presente o ausente, sino como un espectro continuo que abarca desde respuestas normales ante situaciones estresantes hasta trastornos severos que afectan significativamente la calidad de vida.

Este enfoque supone un cambio relevante respecto a la manera tradicional de estudiar los problemas de salud mental, que suele clasificar a las personas únicamente en función de si cumplen o no con los criterios diagnósticos establecidos.

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores utilizaron una técnica conocida como estudio de asociación del genoma completo o GWAS, por sus siglas en inglés. Este método permite comparar millones de variantes genéticas entre cientos de miles de individuos con el fin de identificar cuáles aparecen con mayor frecuencia en personas que presentan determinados síntomas o enfermedades.

En este caso, los científicos analizaron información genética de 693.869 participantes y encontraron 74 regiones específicas del genoma asociadas con síntomas de ansiedad. De ellas, 39 no habían sido identificadas previamente, lo que amplía considerablemente el conocimiento disponible sobre la biología de este trastorno.

Entre los hallazgos más destacados figura la confirmación del papel de genes como PCLO y SORCS3. Los análisis revelaron que muchos de los genes relacionados con la ansiedad presentan una elevada actividad en el tejido cerebral y participan en procesos fundamentales para la comunicación entre las células nerviosas.

Sin embargo, los propios investigadores advierten que estos descubrimientos deben interpretarse con cautela. Las variantes genéticas comunes identificadas en el estudio explican aproximadamente el 6% de las diferencias observadas en la gravedad de los síntomas de ansiedad entre las personas.

Esto significa que la genética constituye solo una pieza dentro de un rompecabezas mucho más amplio.

La mayor parte del riesgo parece depender de otros factores, entre ellos las experiencias personales, el contexto familiar y social, la exposición a eventos traumáticos y la interacción dinámica entre los genes y el entorno.

Los autores enfatizan que poseer una predisposición genética elevada no implica necesariamente desarrollar un trastorno de ansiedad. Del mismo modo, una persona con un perfil genético aparentemente favorable podría experimentar ansiedad significativa si atraviesa situaciones de estrés intenso o adversidades prolongadas.

Esta interacción entre biología y ambiente ayuda a explicar por qué las tasas de ansiedad han aumentado de manera tan marcada en las últimas generaciones. Si la genética de la población permanece relativamente estable a lo largo del tiempo, los cambios rápidos en la prevalencia de estos trastornos sugieren que las transformaciones sociales, económicas y culturales desempeñan un papel determinante.

Por ello, los investigadores consideran que las estrategias de salud pública dirigidas a prevenir la ansiedad deben enfocarse no solo en los factores biológicos, sino también en la creación de entornos más favorables para la salud mental.

Al mismo tiempo, comprender mejor el componente genético podría facilitar el desarrollo de tratamientos más personalizados. Identificar a las personas con mayor vulnerabilidad biológica permitiría diseñar intervenciones preventivas más tempranas y adaptar las estrategias terapéuticas según las necesidades individuales.

Otro aspecto relevante del estudio fue el hallazgo de correlaciones genéticas entre la ansiedad y diversas enfermedades físicas. Los investigadores detectaron vínculos con afecciones como la depresión, el síndrome del intestino irritable, el dolor crónico, la enfermedad de las arterias coronarias, la endometriosis y la migraña.

Estos resultados refuerzan la creciente evidencia científica que apunta hacia una estrecha relación entre la salud física y la salud mental.

Según Brittany Mitchell, investigadora del QIMR Berghofer y una de las autoras principales del trabajo, algunas variantes genéticas podrían aumentar simultáneamente la susceptibilidad tanto a determinadas enfermedades físicas como a síntomas más intensos de ansiedad.

Sin embargo, aclara que también es posible que vivir con dolor persistente o padecer enfermedades crónicas contribuya al desarrollo de problemas de ansiedad. El estudio no permite establecer una relación de causa y efecto ni determinar qué condición aparece primero.

Lejos de ofrecer respuestas definitivas, estos hallazgos abren nuevas preguntas para futuras investigaciones. Comprender cómo interactúan los genes con factores ambientales podría ser clave para desarrollar herramientas más precisas de prevención y tratamiento.

Mientras tanto, el mensaje principal de los científicos es claro: la ansiedad no puede explicarse exclusivamente por la genética ni únicamente por las circunstancias de vida. Se trata de un fenómeno complejo en el que intervienen múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales.

En consecuencia, hablar de predisposición genética no significa hablar de destino. Los genes pueden influir en la vulnerabilidad de una persona, pero las relaciones afectivas, el acceso a atención psicológica, el apoyo social y las estrategias para afrontar el estrés continúan desempeñando un papel fundamental en la construcción del bienestar emocional.

Este estudio representa un avance importante en la comprensión científica de la ansiedad y podría sentar las bases para una nueva generación de tratamientos más individualizados. Pero también recuerda una verdad esencial: incluso cuando la biología influye, las experiencias humanas siguen teniendo un enorme poder para moldear la salud mental.

Redacción Acento Noticias

Mesa editorial de Acento Noticias.