En un debate, una candidatura mezcla diagnósticos, propuestas y datos. No todo puede comprobarse con el mismo método.
Una cifra necesita definición: ¿qué mide, en qué periodo y con qué población? Sin esos datos, el número puede sonar preciso y ser engañoso.
La fuente original debe conservarse. Un gráfico recortado o una publicación sin enlace puede eliminar el contexto que cambia la interpretación.
Las promesas se evalúan por competencia, presupuesto y plazo. Una autoridad no puede ofrecer legalmente lo que corresponde a otra.
Las comparaciones requieren unidades iguales. Mezclar pesos nominales con cifras reales o años distintos produce conclusiones defectuosas.
Las verificaciones deben señalar incertidumbre. “Falso” no siempre explica si hubo error, dato incompleto o una afirmación imposible de probar.
El lenguaje corporal y la emoción no sustituyen evidencia. Un discurso convincente puede contener una cifra mal utilizada.
Publicar la metodología permite que el lector revise el resultado. La confianza se construye mostrando el camino.
Verificar es como revisar un ticket antes de pagar. ¿Qué dato del próximo debate merece que busquemos la letra pequeña?
