Sheinbaum dijo que la nueva licencia de Rocha “fue lo mejor para Sinaloa” y que no habla con él desde mayo. El oficio ya está en el Congreso. Lo que no está cerrado es el expediente.
El domingo 23 de agosto, camino a supervisar el Cablebús Línea 4 en Ciudad Universitaria, la presidenta Claudia Sheinbaum cortó el tema con una frase que ya recorre el país: la segunda licencia de Rubén Rocha Moya “fue lo mejor para Sinaloa”. Dijo que, igual que el regreso del viernes, se trató de una decisión personal. Añadió que no ha hablado con él desde la primera licencia, que el contacto lo tuvo la Secretaría de Gobernación y que esto no lastima al movimiento de la 4T. “Es para Sinaloa, personal, ya estuvimos”. La frase suena a punto final. En Culiacán el punto final todavía no tiene sello del Congreso.
Rocha Moya había reaparecido el viernes 21 con el pecho inflado: 112 días de licencia, “frente limpia”, mandato hasta el 31 de octubre de 2027 y lealtad a Sheinbaum. Reunió gabinete, tomó protesta otra vez a Yeraldine Bonilla como secretaria de Gobierno y se sentó como si el receso hubiera sido un receso de verano. Duró lo que dura un invitado que llega a la fiesta cuando ya están recogiéndose los vasos. El sábado 22 mandó el oficio al diputado Manuel de Jesús Guerrero Verdugo: licencia temporal con carácter indefinido, más de treinta días, artículos 50 fracción VIII y 58 de la Constitución de Sinaloa. El mensaje que lo acompañó fue de manual: Sinaloa, la nación y el movimiento por encima de todo.
La presidenta se enteró del regreso por un tuit. Eso lo dijo ella misma el sábado. Segob y la dirigencia de Morena se deslindaron en horas: decisión personal, no consultada. Gobernadores del mismo color pidieron madurez y responsabilidad. El mensaje de Sheinbaum en redes —ningún interés personal por encima del pueblo y de la Nación; ambición desnuda del poder por el poder— no mencionó el nombre, pero el calendario no perdona: horas después Rocha dobló. ¿Casualidad de dos voluntades que coinciden o el recado llegó por la línea de Gobernación? Sheinbaum niega la llamada directa. El recado, si existió, no está en un acta.
El origen del lío no es un capricho de agosto. El 29 de abril la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York acusó a Rocha y a otros nueve funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa de conspirar con Los Chapitos para meter droga a Estados Unidos y de delitos de armas. La narrativa oficial mexicana desde entonces ha sido doble: no hay pruebas suficientes que EU haya entregado, y nadie será encubierto. Rocha pidió la primera licencia el 1 de mayo “para no interferir”. El Congreso la aprobó y Bonilla —entonces secretaria de Gobierno, 33 años, primera mujer en la silla— quedó de interina.
Aquí viene el nudo que no se desata con una frase de Cablebús. Rocha dijo el viernes que la FGR ya informó que no hay elementos mínimos en su contra. Segob, el mismo viernes, recordó que las carpetas de los diez señalados siguen abiertas y que corresponde a la Fiscalía informar avances. Dos versiones sobre el mismo escritorio. Una la usa el gobernador para volver; la otra la usa la Federación para no firmar un perdón. Mientras tanto, la acusación estadounidense no se ha retirado.
Sinaloa no es un expediente de escritorio. Es un estado donde el homicidio, las desapariciones y la guerra entre facciones no se van de vacaciones cuando el titular pide permiso. Coparmex local ya pidió que el Congreso no improvise el relevo. La oposición habla de juicio político. Los números fríos —diez acusados en un mismo pliego, 112 días de ausencia, 34 horas de regreso— caben en un tuit, pero el gobierno de un estado no debería caber en un fin de semana.
¿Qué cambia para quien vive en Culiacán, Navolato o Mazatlán? En lo inmediato, otra transición en Palacio de Gobierno y la misma pregunta de siempre: quién da las órdenes de seguridad cuando el titular está “de licencia indefinida”. El Congreso debe nombrar interino si la falta pasa de 30 días. Bonilla es el nombre que el organigrama ya conoce. El mandato constitucional de Rocha sigue vigente hasta 2027; la silla, no.
Sheinbaum insiste en que el movimiento no se resiente. Puede ser. Los movimientos grandes absorben golpes. Lo que no absorbe tan fácil un estado es la sensación de que el Ejecutivo es un interruptor que se prende y se apaga según el termómetro de Palacio Nacional y de la bancada. La presidenta tiene razón en una cosa verificable: ella no apareció en la foto del regreso. También es verificable que el retiro llegó después del deslinde.
El cierre no es un veredicto de culpabilidad ni de santidad. Es más seco y más mexicano: un gobernador electo hasta 2027 pidió permiso, volvió sin avisar a su presidenta y se volvió a ir cuando el aire se puso espeso. Sheinbaum lo llama decisión personal y lo mejor para Sinaloa. El oficio ya está sellado. Lo que falta —el dictamen claro de la FGR, el nombre del interino, la suerte de la acusación en Nueva York— no se resuelve con una supervisión de Cablebús.
¿Le vas a preguntar a tu diputado local, el lunes, quién va a firmar los papeles de Sinaloa mientras Rocha “está de licencia”?
