Por Bruno Cortés
En medio de un debate que mezcla historia, política exterior y principios muy arraigados en la diplomacia mexicana, legisladores del Partido del Trabajo llevaron al Congreso una postura clara: respaldo a Cuba frente a lo que consideran presiones e injerencias de Estados Unidos. Todo ocurrió en una mesa de análisis titulada “Pueblos Unidos en resistencia / Cuba”, donde más que un evento protocolario, lo que se vio fue un posicionamiento político con mensaje directo.
El diputado Pedro Vázquez González abrió el encuentro recordando algo que no es menor en la política mexicana: la relación con Cuba no es nueva ni improvisada. Habló de una historia compartida basada en la defensa de la soberanía, es decir, el derecho de cada país a decidir su propio rumbo sin que otro gobierno se meta. Y para aterrizarlo en términos sencillos, puso ejemplos concretos: México no se sumó al aislamiento contra Cuba en momentos clave y, al contrario, ofreció apoyo político e incluso refugio en tiempos decisivos.
En ese contexto, el legislador trajo a la conversación un episodio que suele aparecer cuando se habla de la relación bilateral: el momento en que Fidel Castro conoció en la Ciudad de México a Ernesto Che Guevara. Más allá de la anécdota, lo que buscó fue subrayar que México ha jugado un papel relevante en procesos históricos de América Latina, muchas veces desde una política exterior que privilegia el diálogo y la no intervención.
Pero esto no se quedó en historia. El mensaje central fue actual: para el PT, lo que pasa hoy con Cuba tiene que ver con presiones económicas y políticas que afectan directamente a su población. Por eso, Vázquez González insistió en que hablar de soberanía también es hablar de justicia social, de paz y de igualdad. Dicho de forma simple: no puede haber estabilidad si hay desigualdad, y no puede haber decisiones libres si hay presiones externas.
En la misma línea, el diputado Jorge Armando Ortiz Rodríguez llevó el discurso a un terreno más político e ideológico. Reafirmó el respaldo del PT a la Revolución Cubana, no solo como un hecho histórico, sino como una referencia para los proyectos de transformación en México. Su idea fue clara: la solidaridad entre países no debe quedarse en palabras, sino traducirse en acompañamiento real.
La discusión también incluyó una mirada académica. El especialista Nayar López Castellanos advirtió que, desde su perspectiva, América Latina está viviendo una etapa donde Estados Unidos vuelve a tener una presencia más activa en la región, particularmente en el Caribe. En términos sencillos, planteó que las decisiones de política exterior de ese país siguen influyendo en otros, algo que históricamente ha generado tensiones.
¿Y por qué importa todo esto para alguien que no sigue la política todos los días? Porque estas posturas no son solo discursos: forman parte de cómo México define su papel en el mundo. Cuando en el Congreso se habla de soberanía, de no intervención o de solidaridad internacional, se están marcando líneas sobre cómo el país se relaciona con otras naciones, qué tipo de alianzas construye y qué valores defiende.
En este caso, el mensaje del PT es claro: mantener una política exterior que priorice la independencia de los países y cuestione las presiones externas, especialmente cuando afectan a poblaciones enteras. Es una postura que conecta con una tradición diplomática mexicana, pero que también genera debate en un contexto global donde las relaciones internacionales son cada vez más complejas.












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